4 de abril de 1984 ... creo ...
Al pasado o al futuro, a una era en que el pensamiento sea libre, desde la era del Gran Hermano, desde la era de la policía del pensamiento, el hombre muerto os saluda.

Mi música

lunes, 3 de noviembre de 2008

Jaque

(O como el ajedrez puede ser una metáfora cojonuda)

Los peones ya cayeron, tristes figuras sometidas a las acometidas de la fuerza de la segunda línea de batalla. Importancia relativa restada por sus limitaciones en los movimientos, torpes, apenas abercan lo suficiente como para competir en igualdad de condiciones. Base intrínseca del comienzo de la partida en la que sus esperanzas crecen al doblar su fuerza en la primera embestida.
Caen, como es lógico, en manos de un semejante más astuto o de una figura mayor que, dando un golpe encima de la mesa, muestra su autoridad.
Torre y rey enrocan a sabiendas del ataque planeado por el contrincante, un mal movimiento de un insignificante peón puede vender muy barata la partida, aún resiste.
Los alfiles han comenzado a trazar diagonales en cada turno y sus caballos empiezan a trotar ansiosos sobre un campo de batalla masacrado por la inexperiencia y la falta de paciencia. Las torres toman posiciones lanzando flechas de aviso y la reina se ha convertido en dueña única del centro del tablero. Desde esa casilla central observa en todas direcciones en busca de alguna presa fácil a la que atacar, para finalmente, recuperar su posición.
Y su estrategia ha salido perfecta, todos mis peones salvo uno han perecido y se encuentran fuera del tablero de juego. Alfiles y caballos han caído en manos de sus semejantes, y a la vez, sus contrarios. Las torres fueron tomadas por una reina que supo sorprender con sus movimientos de perro viejo; Y mi dama, ¿dónde se encuentra?.
Cayó, cayó de la forma más honrosa posible, defendiendo la pieza que separa la victoria de la derrota ... el rey.
Los movimientos comienzan a arrinconarme turno tras turno, me encuentro paralizado y solo es cuestión de tiempo que me vea obligado a vender mi peón al mejor postor.
Las torres comienzan a encerrarme en líneas horizontales, un caballo se esconde en una zona muerta esperando el mínimo despiste, los alfiles me arrinconan a mi espalda y la reina ha retrocedido al final del tablero esperándome ansiosa en la última línea.
Observo el campo de batalla, no hay escapatoria posible, avanza el peón inseguro y es presa de una torre, me toca mover ... pero ... no hay movimiento posible, cae el rey ...


He perdido la batalla contra la locura