(En todos los sentidos de la palabra)
Hola cariño;
Hacía muchos años que no escribía una carta a nadie, supongo que más por falta de receptor que por ganas.
Hoy marchaste lejos, se escapó el tren a través de la vía dejando un rastro de humo y ruido tras el cual corría mi corazón, para que él, al menos, sí pudiera estar cerca de ti.
Ayer dormíamos juntos bajo una manta suave, llena de la ilusión sincera de una pareja que se quiere de verdad, tejida con los hilos de los recuerdos que comienzan exactamente en el momento en que nuestros ojos quisieron empezar a volar juntos sobre el cielo azul del amor. Hoy, en éste mismo momento, te encuentras sobre madera y acero, sobre vías que acaban en un punto indefinido del noroeste de la península, tumbada sobre una litera que tú sentirás vacía, pero no lo es tanto, mi corazón alcanzó tu tren justo cuando saliste, no podía dejarte sola ...
Y yo, aquí sentado, intentando comprender que mañana no habrá café en el SanFran bien acompañado, ni parquecito, ni gato, ni kebap. Ni besos, ni abrazos, ni risas, ni amor.
Pero éstos momentos sirven para entender que esto es corto, aunque nos parezca muy largo. Que todas esas ganas que tendremos en éstos días no desaparecen, sino que deben ser guardadas para el Lunes, solo unos días, después, una vida entera.
Y como no me gusta manchar el papel de lágrimas, te mando el beso más bonito que haya existido nunca, y el te amo más sincero que jamás ha sido pronunciado.
Uno +
Hace 1 semana



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