El tiempo pasa, fluye, arrastra, como las aguas de 1 río que arrancan a su paso los pequeños arbustos que se atreven a cruzarse por un camino que quizás nunca debieron coger, y ahora, ya muertos, lejos de sus raíces, a muchos kilómetros, flotan inertes sobre un caudal ya conocido, esperando llegar al mar, para, finalmente, flotar y flotar, muertos, durante toda la eternidad, deseando una y otra vez, sin hacerlo, conseguir pudrirse y desaparecer de la enormidad del oceáno y sus brazos.
Pero bueno, siempre nos quedará París
Uno +
Hace 1 semana




